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Clínica del sueño

Polisomnografía: Así vive un paciente su estudio del sueño

Someterse a un estudio del sueño implica que la persona no ha logrado tener una noche de sueño tranquila en mucho tiempo. La polisomnografía es un estudio que dura una noche completa y se realiza en un centro especializado para identificar algún tipo de trastorno del sueño.

En Neurocenter realizamos este estudio cada noche con el mejor equipo y profesionales, logrando los diagnósticos que nos permiten tratar a nuestros pacientes de manera exitosa.

A continuación, uno de ellos nos relata su experiencia, abriéndonos las puertas a entender su padecimiento y su trayectoria.

Antes de mi diagnóstico

Mi problema es muy común, se llama síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS), y es parte de un grupo de padecimientos que se conocen como trastornos del sueño, que para mi eran desconocidos.

La historia de cómo pasé de vivir cansado todo el tiempo hasta conocer mi diagnóstico fue larga, ya que como muchos, no sabía con quién acudir, por lo que pasé por muchos médicos y remedios, antes de llegar con el neurólogo.

Mi vida con SAOS

Al inicio creía que vivir cansado era lo normal, ya que se lo adjudicaba al estrés o por las salidas tardías del trabajo. Desde que despertaba tenía sueño y así continuaba a lo largo del día.

Para mi era común quedarme dormido en cualquier lugar, incluso había veces que en el tráfico dormitaba por segundos. Al llegar a casa el cansancio empeoraba, y aunque por las noches lograba conciliar el sueño no descansaba y en ocasiones no lograba permanecer dormido por mucho tiempo, por lo que al siguiente día seguía con sueño y la historia siempre se repetía. 

El problema no solo me afectaba a mi, mi esposa decía que mis ronquidos eran frecuentes y a ella no le permitían descansar. Esta era nuestra vida diaria.

Fueron dos situaciones las que me hicieron buscar atención profesional después de tanto tiempo; primero llegaron las llamadas de atención en el trabajo por dormir y por el bajo rendimiento del cual yo era consciente. Las tazas de café no ayudaban en nada para permanecer despierto.

La otra situación, que fue la que más nos preocupó a mi esposa y a mi fue que por las noches, además de los ronquidos, mi esposa decía que había segundos en los que era como si dejara de respirar, lo cual a ella le causaba un estrés increíble y me despertaba constantemente para asegurarse que me encontraba bien.

En busca del especialista

Pasé por muchos médicos e incluso probé algunos suplementos que me recomendaban mis amigos, sin ninguna mejoría, hasta que finalmente me canalizaron con el especialista en neurología, lo cual me pareció raro. Sin embargo, al llegar a la consulta, la neuróloga me explicó que la neurología también se encarga del estudio de las alteraciones del sueño.

Me dijo que los trastornos del sueño son muy comunes en la población, como el insomnio, el síndrome de piernas inquietas, la hipersomnia, o en mi caso, la principal sospecha, el SAOS. 

Me explicó que para poder llegar al diagnóstico había que realizar una polisomnografía, que es un estudio del sueño que permite saber cuál es el problema. 

El estudio fue realmente sencillo, prácticamente se trataba de seguir mi rutina normal para dormir, pero en el proceso, se estaban monitoreando muchos parámetros que yo no sabía que podían influir en la calidad del sueño.

Mi noche realizando la polisomnografía

El estudio puede ser realizado en casa o en la clínica del sueño. En mi caso, opté por la segunda opción. 

Antes del día del estudio me dieron algunas indicaciones sencillas, como no tomar café, no consumir tabaco, o cualquier otra sustancia que pudiera alterar los resultados. 

El día del estudio procuré llegar unos minutos antes para adelantarme a cualquier situación. 

Como comentaba anteriormente, la idea es seguir la rutina lo más parecida posible, por lo que incluso me dejaron llevar mis propias almohadas y mi pijama. 

Una vez instalado, el técnico me explicó que iba a monitorear mis ondas cerebrales mediante un electroencefalograma, que es un estudio que mide y registra la actividad eléctrica del cerebro, y para lo que prácticamente colocó unos electrodos sobre mi cuero cabelludo que iban conectados a una computadora. Además, me colocaron un pulsioxímetro para medir mi frecuencia cardíaca y mi saturación de oxígeno. 

El estudio fue grabado para poder saber que tipo de movimientos realizó durante la noche, si tengo despertares, si tengo ronquidos o si tengo apneas (dejar de respirar).

En todo momento me pudo acompañar mi esposa, que incluso tuvo un área para descansar, lo cual me dio más seguridad. El técnico comentó que en caso de niños siempre se permite ser acompañados por uno de sus padres.  

Al terminar el estudio, los resultados fueron enviados al médico, quien después de interpretarlos, confirmó la sospecha diagnóstica de apnea obstructiva del sueño. 

A partir de aquí, la vida fue más fácil. El tratamiento consistió en dos pilares; el primero fue mis cambios en el estilo de vida, con la meta principal de llegar a mi peso ideal. El segundo constaba de un aparato llamado CPAP, que se coloca en la nariz al momento de dormir, y que se encarga de enviar corrientes de aire a mis pulmones de manera constante. Para mi sorpresa no fue nada incómodo y los resultados los pude ver desde la primera semana de utilizarlo.

De una manera práctica, puedo dividir mi vida como un antes y un después de conocer mi diagnóstico y de utilizar el CPAP.

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