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La importancia de la psicología en la esclerosis múltiple

La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica y degenerativa del sistema nervioso central que se puede tratar, retrasar su avance y revertir algunos síntomas, pero que no tiene cura. Por ello, no es raro que esta enfermedad se acompañe de una gran carga emocional y que quien lo padece requiera apoyo psicológico.

Desde el momento del diagnóstico se pueden manifestar sensaciones de miedo, angustia, incertidumbre o tristeza; es entendible, al tratarse de una enfermedad en la que no se puede predecir completamente la evolución de la misma.

Estudios han evidenciado que los problemas psicológicos son altamente frecuentes en los pacientes con esclerosis múltiple, con depresión en casi el 50% de los pacientes y trastorno de ansiedad en 1 de cada 4.

Tener en mente la importancia de los factores emocionales es fundamental para mejorar la calidad de vida, por lo tanto, la terapia psicológica es piedra angular en el tratamiento. 

La neuropsicología es una rama de la psicología que se especializa en este tipo de problemas, y en cómo estas enfermedades afectan a cada paciente de un modo diferente. 

La evidencia actual ha dejado en claro que el llevar de la mano terapia psicológica con terapia neurológica reduce de manera importante los síntomas, además de mejorar el apego al tratamiento y acelerar la rehabilitación física.

Los primeros pasos: la valoración por el especialista

Si padeces esclerosis múltiple es muy probable que el especialista en neurología solicite una valoración con psicología para saber cómo ayudarte según las manifestaciones que presentes.

Una de las terapias más utilizadas es la terapia cognitivo-conductual que se basa en una serie de sesiones dónde se trata de establecer las emociones o las ideas que te pueden estar afectando para planear acciones que te ayuden a superarlas. Sin embargo, existen muchos tipos de terapias, para esto nuestro psicólogo se encargará de seleccionar la mejor para ti.

La finalidad de la terapia neuropsicológica

Independientemente del tipo de método seleccionado, la finalidad sigue siendo la misma, es decir, brindarte las herramientas necesarias para afrontar este padecimiento. 

Durante este proceso podrán existir etapas en las que el ánimo sea más bajo o en que la incertidumbre sea mucha, por eso es importante comentar cualquier cambio o duda con el médico y psicólogo, quienes a manera de equipo podrán resolver las situaciones que se presenten, como las siguientes:

  • Hacer más fácil la aceptación del diagnóstico.
  • Hablar y aclarar dudas sobre el futuro, miedos o incertidumbres.
  • Mejoría del estrés.
  • Apoyo emocional para la depresión o ansiedad.
  • Mejorar algunos síntomas como la fatiga o problemas cognitivos que van de la mano con la neurorrehabilitación.
  • Mejoría de la comunicación.
  • Fortalecer el vínculo y apoyo familiar.

¿Qué es la esclerosis múltiple?

Es la enfermedad de este tipo que más frecuentemente afecta a los adultos jóvenes, llegando a presentarse entre los 20 y 40 años de edad, con un predominio en el sexo femenino, aunque también puede afectar a los hombres, o diferentes grupos de edad.

Las diferentes áreas del cerebro se comunican entre sí y a la vez con la médula espinal mediante señales eléctricas. Estos impulsos viajan por una red de nervios que están recubiertos por la mielina, que prácticamente es una cubierta aislante, similar a la cubierta de un cable, y que facilita este intercambio de información.

En la esclerosis múltiple existe un proceso de desmielinización, es decir, destrucción de la mielina en diferentes zonas. Aún se desconocen algunos de los mecanismos que generan este tipo de daños, aunque se ha visto que nuestro propio sistema de defensa es quien ataca a los nervios causando la pérdida de mielina. Estas “placas” de desmielinización alteran las señales nerviosas y son las causantes del gran espectro de síntomas que puede presentar un paciente.

Causas y síntomas de la enfermedad

Se considera una enfermedad idiopática, es decir, que su causa no está bien establecida. Se ha visto asociación con algunas infecciones virales, áreas geográficas, o causas genéticas, sin embargo, no son completamente concluyentes.

Los síntomas pueden ser muy variados tanto en tiempo como en intensidad. En ocasiones pueden existir períodos donde la enfermedad está activa incluso pudiendo llegar a ser incapacitante; en otras ocasiones pueden pasar meses o años libres de enfermedad en un estado de remisión.

Algunos de los síntomas más comunes son:

  • Alteraciones visuales. Suelen ser de los síntomas iniciales y se pueden manifestar como visión doble, visión borrosa, debilidad en los párpados.
  • Alteración de la sensibilidad.
  • Fatiga y debilidad de algunas áreas del cuerpo, llegando a dificultar el movimiento.
  • Vértigo, mareos y trastornos del equilibrio o de la marcha.
  • Fatiga o dolor crónico.
  • Pérdida del control de esfínteres.
  • Sensación de hormigueo o entumecimiento de alguna parte del cuerpo.

Las diferentes áreas del cerebro se comunican entre sí y a la vez con la médula espinal mediante señales eléctricas. Estos impulsos viajan por una red de nervios que están recubiertos por la mielina, que prácticamente es una cubierta aislante, similar a la cubierta de un cable, y que facilita este intercambio de información.

En la esclerosis múltiple existe un proceso de desmielinización, es decir, destrucción de la mielina en diferentes zonas. Aún se desconocen algunos de los mecanismos que generan este tipo de daños, aunque se ha visto que nuestro propio sistema de defensa es quien ataca a los nervios causando la pérdida de mielina. Estas “placas” de desmielinización alteran las señales nerviosas y son las causantes del gran espectro de síntomas que puede presentar un paciente.

Diagnóstico y tratamiento

Para llegar al diagnóstico se requiere una alta sospecha clínica, para esto, el especialista en neurología es quien aborda este tipo de enfermedades. Mediante una exploración neurológica minuciosa, la historia clínica completa con los signos y síntomas se puede realizar la impresión diagnóstica, la cuál se fortalecerá mediante estudios complementarios principalmente resonancia magnética de cerebro y médula espinal, o en caso de ser necesario algún otro estudio complementario como punción lumbar para descartar otro tipo de enfermedades.

La esclerosis múltiple no cuenta con tratamiento curativo; sin embargo, existen medicamentos y terapias que aminoran los ataques y los daños que puedan ocasionar, además de prolongar lo más posible los períodos libres de enfermedad.

Los síntomas pueden ser muy variados tanto en tiempo como en intensidad. En ocasiones pueden existir períodos donde la enfermedad está activa incluso pudiendo llegar a ser incapacitante; en otras ocasiones pueden pasar meses o años libres de enfermedad en un estado de remisión.

Algunos de los síntomas más comunes son:

  • Alteraciones visuales. Suelen ser de los síntomas iniciales y se pueden manifestar como visión doble, visión borrosa, debilidad en los párpados.
  • Alteración de la sensibilidad.
  • Fatiga y debilidad de algunas áreas del cuerpo, llegando a dificultar el movimiento.
  • Vértigo, mareos y trastornos del equilibrio o de la marcha.
  • Fatiga o dolor crónico.
  • Pérdida del control de esfínteres.
  • Sensación de hormigueo o entumecimiento de alguna parte del cuerpo.

Las diferentes áreas del cerebro se comunican entre sí y a la vez con la médula espinal mediante señales eléctricas. Estos impulsos viajan por una red de nervios que están recubiertos por la mielina, que prácticamente es una cubierta aislante, similar a la cubierta de un cable, y que facilita este intercambio de información.

En la esclerosis múltiple existe un proceso de desmielinización, es decir, destrucción de la mielina en diferentes zonas. Aún se desconocen algunos de los mecanismos que generan este tipo de daños, aunque se ha visto que nuestro propio sistema de defensa es quien ataca a los nervios causando la pérdida de mielina. Estas “placas” de desmielinización alteran las señales nerviosas y son las causantes del gran espectro de síntomas que puede presentar un paciente.

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