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El cerebro predice las cosquillas

¿Porque no puedes hacerte cosquillas a ti mismo? porque tu cerebro lo sabe. Sí, aunque creas que las cosquillas están relacionadas con el placer, por el contrario, tu cuerpo reacciona como un mecanismo de defensa que advierte del peligro.

 

Y es que para reaccionar ante posibles adversidades, el cerebro trata de predecir en todo momento qué va a ocurrir. Por ejemplo, cuando alguien nos hace cosquillas, no sabemos hacia dónde va a ir ese movimiento, por lo que nos produce estrés, contra el que reaccionamos, ya sea con movimientos convulsos o con una sonora carcajada. 

 

Desde la perspectiva de la evolución biológica, se cree que a través de una suerte de juego, nos enseñamos a proteger nuestras partes sensibles del cuerpo y el hecho de que no solo las personas sienten cosquillas, sino también otros animales, como los monos, las ratas y los pingüinos, apoya esta teoría. 

 

Sin embargo, ni los humanos más propensos a tener cosquillas experimentan el mismo grado de hormigueo cuando son ellos mismos los que se acarician con los dedos, pues en ese caso no hay incertidumbre contra la que actuar.

 

Por ello el cerebro mitiga los estímulos autogenerados como medida de precaución para que no desviemos la atención de lo que es importante. Cuando nos tocamos, el cerebro predice las sensaciones que vamos a experimentar en esa parte del cuerpo; de ese modo, puede atenuar la información entrante (minimizar el efecto sensorial) y concentrarse en otro asunto. 

 

Un estudio de la Universidad de LinKöping (Suecia) publicado en 2019 en Proceedings of National Academic of Sciences analizó qué zonas del cerebro se activan cuando nos hacen cosquillas y cuáles lo hacen cuando nos tocamos a nosotros mismos.

 

Los científicos pidieron a voluntarios que se colocaran en una cámara de resonancia magnética que registraba imágenes de la actividad cerebral. Después les solicitaron que se acariciasen el brazo suavemente, y luego repitieron el proceso, pero esta vez con una caricia proferida por un miembro del equipo. Al comparar las imágenes de los dos procesos, compararon qué zonas se habían activado en uno y otro caso.

 

Su conclusión: al tocarnos a nosotros mismos, el cerebro suprime la actividad en una parte de la corteza cerebral relacionada con la percepción, por eso no sentimos, ni reaccionamos, del mismo modo que cuando recibimos el contacto de alguien, o de algo.

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