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Tu cerebro es una fábrica de sueños

Los sueños son producto de un trabajo en conjunto de diferentes zonas del cerebro y, dependiendo de su actividad, podemos tener dulces sueños o terribles pesadillas, pero ¿en dónde se producen?, ¿cuánto duran?, ¿En qué momento soñamos? En este artículo queremos compartirte información sobre “la fábrica de sueños” en tu cerebro.

Y es que aunque no lo parezca, existe mucho de ciencia  en los sueños. Así lo han demostrado diversos estudios con base científica que se han realizado sobre esta actividad cerebral.

Una de estas investigaciones, realizada entre científicos de Estados Unidos, Suiza e Italia y publicada en Nature Neuroscience, reveló algunos datos sobre lo que sucede durante el descanso nocturno, por ejemplo, que los sueños ocupan el 95% del tiempo durante la fase REM, la más ligera, y durante la cual pasamos rápidamente entre el dormir y estar conscientes.

Se determinó además que la corteza cerebral es la encargada de generar los sueños,  y su contenido, aunque fantasioso, proviene de nuestras propias experiencias. Como ya lo mencionamos, este es un trabajo en equipo, así que otro sistema que participa durante esta actividad es el sistema límbico, el cual regula las emociones y está activo durante el sueño, mientras que la amígdala responsable de las sensaciones de miedo y ansiedad, aporta lo suyo. Esa es la razón por la que nuestros sueños pueden ser positivos o transformarse en pesadillas.

Te puedo asegurar que ninguno de los sueños que recuerdas tiene lógica, por el contrario, pareciera que nada tiene sentido, y hay una razón para ello, pues las zonas menos activas del cerebro son las de los lóbulos frontales, justamente las encargadas del raciocinio, por ello lo ilógico puede parecernos normal al dormir, pero extraño una vez que despertamos.

Gracias a que en sus experimentos, los investigadores lograron observar la distribución de los diferentes tipos de ondas cerebrales generadas en las diversas fases del sueño, es que pudieron localizar las áreas involucradas en el proceso de soñar con tal precisión que podían saber el momento exacto en el que los voluntarios estaban soñando.

Algunos de los puntos relevantes que se lograron descifrar gracias a este tipo de investigaciones son los siguientes:

 

1.- La “fábrica de los sueños” estaría justo encima de la nuca, en un punto bastante superficial.

Los investigadores la han llamado hot zone o zona caliente cortical posterior.

“Es un área que se vuelve muy activa cuando comenzamos a soñar”, explica Francesca Siclari, neuróloga del Hospital de la Universidad de Lausana y una de las coordinadoras de la investigación.

 

2.- Por qué olvidamos los sueños

Nuestra memoria funciona por asociación de ideas. Únicamente cuando asociamos algo con una situación global podemos recordarlo. Esta es la razón por la que, cuando soñamos, nuestro cerebro construye narraciones complejas y no recuerda elementos aislados.

Los recuerdos se forman, en primer lugar, en el hipocampo, y después se pasan a otras partes del cerebro, como es el caso del neocórtex.

Esta sincronización, que se produce en nuestro estado consciente, no es sencilla que se produzca durante el sueño. Por ello es difícil recordar lo que soñamos.

 

3.- El sueño es, para el cerebro, una experiencia real y no solo algo que inventamos al despertar.

Tanto en la fase REM, como en la no-REM, se ha visto un aumento en las ondas cerebrales de alta frecuencia en áreas normalmente activas durante el estado despierto, como si la persona experimentara realmente lo que aparece en sus sueños.

“Es la prueba”, asegura la neuróloga, “que el sueño es, para el cerebro, una experiencia real y no solo algo que inventamos al despertar”.

Según los investigadores, el hecho de que la experiencia onírica tenga una base neurológica observable refuerza la teoría de que los sueños también se pueden definir como experiencias en las que la conciencia está activa.

Y si la actividad de la hot zone es un espía de la capacidad del cerebro para vivir experiencias a pesar del sueño y la inmovilidad, el descubrimiento también podría tener aplicaciones médicas.

“Nuestra investigación – dice Siclari – puede ofrecer nuevos marcadores para evaluar el estado de conciencia en casos de coma o durante la anestesia”.

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