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Padecimientos

¿Quién puede diagnosticar el TDAH?

¿Quién puede diagnosticar el TDAH?

Un neuropsicólogo puede diagnosticar el TDAH debido a su formación y experiencia específicas en la relación entre el cerebro, el comportamiento y el aprendizaje. Los neuropsicólogos son profesionales que han estudiado la psicología y luego se han especializado en neuropsicología, lo que les permite comprender cómo el cerebro y el sistema nervioso influyen en la conducta, las emociones y las habilidades cognitivas.

Algunas razones por las que un neuropsicólogo puede diagnosticar el TDAH incluyen:

  • Conocimiento especializado
  • Evaluación integral
  • Diferenciación de otros trastornos
  • Orientación para el tratamiento

Los neuropsicólogos tienen la formación y experiencia necesarias para diagnosticar el TDAH de manera efectiva, gracias a su conocimiento especializado en la relación entre el cerebro, el comportamiento y la cognición. Además, pueden proporcionar información valiosa para guiar las estrategias de tratamiento adecuadas.

¿Qué es el TDAH?

El trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es uno de los trastornos más comunes en la niñez y puede continuar hasta la adolescencia y la edad adulta. Se considera una alteración del neurodesarrollo, cuyos síntomas principales son inatención, hiperactividad e impulsividad.

Generalmente los síntomas se van a presentar a edades tempranas, los criterios antiguos mencionan que antes de los 7 años y actualmente hablamos de un rango más amplio, antes de los 12 años. Los síntomas cardinales son la inatención, la hiperactividad y la impulsividad. Sin embargo, encontramos detrás de ellos diversas dificultades en las funciones ejecutivas.

Esto quiere decir, dificultad para: atender a determinados estímulos; planificar y organizar una acción; reflexionar sobre las posibles consecuencias de cada acción; inhibir la primera respuesta automática para cambiarla por otra más apropiada.

Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad en la población pediátrica

La prevalencia va de un 2 a 12% de la población pediátrica, considerándose una prevalencia media de 5 a 8 %. La prevalencia máxima se sitúa entre los 6 y 9 años de edad, en los últimos años el trastorno se ha incrementado, pero aún no se ha logrado determinar si esto se debe a una optimización diagnóstica, a un sobrediagnóstico o a un aumento verdadero de la prevalencia. Algunos autores mencionan que la relación niño/ niña es de 4:1, otros hablan de 2 a 9 niños por cada niña.

¿Cuáles son los factores que causan el TDAH?

La causa del trastorno de déficit de atención e hiperactividad es multifactorial, es una confluencia de factores genéticos y ambientales. En cuanto a la heredabilidad, sabemos que la concordancia va de 70 a 90%. 

Si un padre tiene trastorno de déficit de atención e hiperactividad el riesgo en el niño aumenta entre 2 y 8 veces. Para un hermano, el riesgo aumenta entre 3 y 5 veces.

Existen factores que predisponen el desarrollo de TDAH:

  • Exposición intrauterina al tabaco, al alcohol o a tratamiento farmacológico (benzodiacepinas o anticonvulsivantes)
  • Prematuridad
  • Bajo peso al nacer
  • Complicaciones perinatales
  • Edad materna avanzada al momento del parto
  • Conflicto familiar severo o crónico
  • Familia numerosa
  • Sntecedentes psiquiátricos en padres
  • Institucionalización;
  • Infra estimulación por un largo período de tiempo
  • Clase social baja.

Tipos de trastorno de déficit de atención e hiperactividad

Existen tres tipos de TDAH, entre ellos encontramos: 

  • Predominantemente hiperactivo-impulsivo: La mayoría de los síntomas (seis o más) se encuentran en la categoría de hiperactividad-impulsividad. Se presentan menos de seis síntomas de inatención, aunque la inatención aún puede estar presente hasta cierto grado.
  • Predominantemente inatento: la mayoría de los síntomas (seis o más) se encuentran en la categoría de la inatención y se presentan menos de seis síntomas de hiperactividad-impulsividad, aunque la hiperactividad-impulsividad aún puede estar presente hasta cierto grado. Los niños que padecen este tipo son menos propensos a demostrarlo o tienen dificultades para llevarse bien con otros niños. 
  • Combinación hiperactivo-impulsivo e inatento: están presentes seis o más síntomas de inatención y seis o más síntomas de hiperactividad-impulsividad. La mayoría de los niños padecen el tipo combinado del TDAH.

Síntomas del TDAH 

Es importante mencionar que los síntomas cardinales pueden deberse a otras dificultades y a otros trastornos psiquiátricos, neurológicos, médicos e incluso dificultades sociales, por eso es fundamental realizar una historia clínica minuciosa, que nos permita identificar una coherencia de síntomas en el tiempo y que se presenten con un impacto marcado en todas las áreas de funcionamiento del niño.

A medida que los niños crecen, todos los síntomas suelen ir disminuyendo, especialmente los de hiperactividad. La intensidad de los síntomas es contexto-dependiente, esto quiere decir que disminuye en situaciones muy estructuradas y organizadas o novedosas e interesantes. El problema surge cuando deben atender en contextos poco motivadores para ellos. Les es difícil poder asumir que deben hacerlo, a pesar de no ser de su agrado. Los síntomas que se presentan de forma aguda son:

Inatención

Dificultad o incapacidad para mantener la atención de manera continuada en tareas que no son altamente motivadoras; olvidos, despistes, pérdidas de objetos; dificultad para seguir órdenes o instrucciones; dificultad para terminar tareas sin supervisión; interrupción de conversaciones; cambios de tema de manera brusca. 

Hiperactividad

Movimiento corporal continuo, cambios de postura al estar sentados, movimiento de piernas y/o de manos; hacer ruidos con el lápiz; levantarse cuando es requerido estar sentado; correr o trepar de manera excesiva y accidentes frecuentes como consecuencia; actividad desorganizada; no terminar acciones que empezaron. 

Impulsividad

Responder y actuar sin antes pensar, responder antes que la pregunta haya sido formulada totalmente, dificultad para entender enunciados largos; dificultades para esperar su turno; interrumpir conversaciones.