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Padecimientos

¿Qué es la Marcha Senil y cómo se trata?

Como sabemos, el envejecimiento es un fenómeno inevitable por el que pasaremos todos. Se caracteriza por una serie de cambios en nuestro organismo ya sea estructurales o funcionales, independientemente de si estamos sanos o no.

De una manera general, los cambios asociados al envejecimiento son la pérdida de la masa ósea y muscular, lo que va de la mano con una disminución de la fuerza y la resistencia. Disminución de la agudeza visual, alteraciones auditivas, menor tolerancia al ejercicio, aumento de riesgo de caídas y fracturas, entre otros.

Sin embargo, es importante recordar que el envejecimiento no es sinónimo de enfermedad, ya que éstos cambios no le suceden a todos los pacientes por igual, lo que depende entre otras cosas del estilo de vida y del control de comorbilidades.

Aunque el envejecimiento no es una enfermedad, si se acompaña con un mayor riesgo de padecer enfermedades que pueden comprometer la función, como las demencias, enfermedades neurodegenerativas, trastornos de la marcha, infartos cerebrales, problemas cardíacos, etc.

¿Qué es la marcha “senil”?

Los cambios en la marcha suelen ser el resultado de las alteraciones en el sistema musculoesquelético, problemas visuales y pérdida de equilibrio, por lo que todos hemos visto a los adultos mayores caminando de una forma muy similar.

Ésta forma de caminar se conoce comúnmente como marcha senil, aunque actualmente se trata de dejar de lado el término “senil” y se prefiere, de una manera más adecuada, referirse a ésta marcha como cambios de la marcha del adulto mayor.

Cambios asociados al envejecimiento

Los principales cambios de la marcha durante el envejecimiento son los siguientes:

  • Velocidad de la marcha. Conforme envejecemos, la velocidad con la que caminamos puede disminuir, tanto al realizar una caminata normal como una rápida. Se estima que la velocidad comienza a reducirse a partir de los 70 años, y en promedio se cree que disminuye un 15 a 20% por cada década a partir de esa edad. Éste parámetro es un predictor de complicaciones a mediano plazo.
  • Cambios posturales. Algo muy característico de los cambios de la marcha es la postura. Los adultos mayores pueden desarrollar una postura encorvada, inclinados hacia adelante con una mayor pronunciación de las curvaturas de la espalda. Estos cambios suelen deberse a rigidez, debilidad de músculos de la espalda y abdominales. Suelen caminar con los pies más abiertos (rotación externa), lo que les proporciona una mayor base de sustentación. 
  • Cadencia de la marcha. Se refiere a la manera de dar los pasos, lo cuál es muy variado de una persona a otra. Éste parámetro casi no cambia durante el envejecimiento, aunque sí puede reducirse un poco como con pasos cortos.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Aunque éstos cambios son hasta cierto punto esperables, se les debe prestar atención sobre todo cuando comprometen la calidad de vida de los pacientes, los exponen a riesgos como caídas, o se asocia con otras alteraciones que hagan sospechar la presencia de una enfermedad.

Si existe la duda de si los cambios de la marcha se deben a una condición grave se puede acudir con el especialista, en este caso el geriatra (especialista en adultos mayores) o el neurólogo (especialista en enfermedades del sistema nervioso incluidos las alteraciones de la marcha), son quienes mejor nos pueden orientar.

En la consulta se realizará una evaluación completa, con una serie de pruebas. La idea es descartar condiciones que alteren la marcha y que no se deban propiamente al envejecimiento, como por ejemplo la enfermedad de Parkinson que se caracteriza por pasos cortos, pobre braceo, aumento de la curvatura de la espalda y riesgo de caídas.

Otras condiciones a descartar son problemas osteomusculares o neurológicos.

Tratamiento y rehabilitación

El tratamiento depende de las condiciones de nuestro paciente. Por ejemplo, si existe una enfermedad concomitante se debe de tratar.

La rehabilitación neurológica es una excelente opción para las alteraciones de la marcha, ya sean asociados al envejecimiento o secundarios a alguna otra patología. La idea es recuperar la fuerza y el equilibrio mediante una serie de sesiones individualizadas.

La neurorehabilitación puede incluir fisioterapia, terapia ocupacional y terapia del habla, entre otros enfoques. En el caso de la marcha senil, la fisioterapia es particularmente relevante. Un fisioterapeuta puede:

  • Ejercicios de fortalecimiento y equilibrio: Los ejercicios pueden ayudar a mejorar la fuerza muscular y el equilibrio, lo que puede ayudar a mejorar la marcha y prevenir caídas.
  • Entrenamiento de la marcha: Esto puede implicar aprender técnicas para caminar de forma más segura y eficiente, y puede incluir el uso de dispositivos de asistencia si es necesario.
  • Ejercicios de flexibilidad: Estos pueden ayudar a mejorar el rango de movimiento, lo que puede contribuir a una mejor marcha.
  • Terapia ocupacional: Los terapeutas ocupacionales pueden evaluar el entorno de vida del individuo y hacer recomendaciones para mejorar la seguridad y la movilidad, como el uso de barras de apoyo o rampas.

Si la marcha senil está relacionada con una condición neurológica, como la enfermedad de Parkinson o un accidente cerebrovascular, la neurorehabilitación puede implicar también el tratamiento de estos trastornos subyacentes.

Es importante destacar que, si bien la neurorehabilitación puede ayudar a mejorar la marcha y la movilidad, cada individuo es diferente y los resultados del tratamiento pueden variar.

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