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Cómo tener una consulta exitosa

Es común que muchos de nuestros pacientes lleguen dudosos a su primer consulta neurológica, y sin tener muy claro qué es lo que sucederá en su primer encuentro con el especialista o si podrán obtener un diagnóstico.

Por ello es que a través del caso de Eugenia, queremos platicarte cómo es que funciona esta fase, qué es lo que puedes esperar y cómo puedes prepararte previo a tu cita con nosotros.



Servicio de Consulta y Diagnóstico

Eugenia llegó a Neurocenter con secuelas de una parálisis facial, con muchas dudas y otros tantos temores sobre su recuperación, pero también con mucha claridad sobre lo que quería obtener de su consulta médica. “Yo quería salir con respuestas, deseaba empezar ese mismo día mi recuperación”, afirma. 

En este punto es importante recordar que una consulta neurológica no es como cualquier otra consulta de medicina general, pues además de atender la molestia por la cual el paciente acude a consulta, hay que indagar más sobre su padecimiento, ¿hay otros síntomas neurológicos? ¿tiene familiares que hayan pasado por algo similar? ¿su motivo de consulta representa una urgencia que requiera hospitalización? Estas y muchas otras dudas pueden responderse con una adecuada historia clínica.

Por ello, cuando Eugenia llegó puntualmente a su cita, pasó con un médico encargado de realizar su historia clínica, la cual se obtiene a través de un amplio interrogatorio de datos generales, desde la edad, ocupación y lugar de residencia hasta antecedentes médicos personales como enfermedades previas, uso de medicamentos, cirugías, entre otras cosas. 

“Sentí que fue una entrevista muy detallada, me preguntaron sobre mis síntomas, cuándo empezaron, cómo evolucionaron, si tomé medicamentos, qué los agrava o disminuye, antecedentes familiares, actividades recientes, en fin, no dejaron escapar detalle y eso me dio mucha tranquilidad”, nos comentó Eugenia.



Una vez que se tiene el historial médico, el proceso de la consulta continúa con una exploración física neurológica, en la cual se realizan una serie de ejercicios y procedimientos para evaluar el estado neurológico del paciente.

“Evaluaron mi estado cognitivo, cómo estaba mi memoria, el lenguaje, mi atención, orientación y cálculo”, también se revisa la función visual, los movimientos oculares, la función auditiva, la sensibilidad y los movimientos de la cara.

Aunque Eugenia llegó con un caso de Parálisis Facial, de cualquier manera se aplica todo el protocolo para descartar otras complicaciones o causas. Se valora la función motora del resto del cuerpo, no solo si el paciente es capaz de mover un brazo o una pierna, sino también la fuerza que tiene, la coordinación y la marcha. 

En caso de haber debilidad en alguna parte del cuerpo es importante conocer si es de solo una extremidad, si es bilateral o si afecta todo un lado del cuerpo. 

“Recuerdo que también evaluaron mi función sensitiva: dolor, tacto, temperatura, principalmente en el rostro, que es en donde era evidente mi problema neurológico”, nos comenta Eugenia.



Al integrar todos los hallazgos encontrados en la exploración neurológica, junto con los de la historia clínica, en algunos casos se llega a un diagnóstico. Es por esto que el paciente debe ser muy sincero y descriptivo con todo lo que se pregunta y explora.

Aún así, en muchos casos es necesario realizar ciertos estudios, ya sea para confirmar el diagnóstico o para descartar otras causas importantes o más graves. Los más comunes son los estudios de imagen como la resonancia magnética o la tomografía (TAC), los cuales sirven para ver si hay alguna lesión estructural en el cerebro o en la médula espinal que explique la presencia de los síntomas. 

Sin embargo, en el caso de Eugenia no fue necesaria esta solicitud, pues se logró llegar a un diagnóstico a través de su historia clínica y exploración física.

Un factor que ayudó en el caso de Eugenia, fue lo preparada que llegó a su consulta con estudios médicos previos que se integraron en su historia clínica, así como una lista de dudas y preguntas que deseaba realizarle al especialista. Su colaboración a lo largo de todo el proceso permitió que se alcanzara el diagnóstico e incluso prescribir un tratamiento médico.

“Encontré lo que estaba buscando, llegué con muchas dudas y salí con la certeza de que estaba ya en camino a mi recuperación”, expresa sonriendo.

Por ello siempre buscamos hacer hincapié en la importancia de confiar en tu neurólogo y responder de forma sincera y lo más detalladamente posible a cada pregunta para poder llegar a un diagnóstico certero, y así, recibir el tratamiento adecuado.



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