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Tu cerebro es mucho más que una memoria USB

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Tu cerebro es mucho más que una memoria USB

¿Alguna vez te has preguntado cuál es la capacidad de memoria de tu cerebro? ¿Crees que existe un límite físico a la cantidad de información que puede almacenar? Responder a estas preguntas resulta un tanto difícil para los científicos, pues no se ha logrado medir el tamaño de un recuerdo, ni si todos miden lo mismo.

 

Lo que sí se sabe es que nuestro cerebro posee unos 100 mil millones de neuronas que establecen entre ellas al menos cien billones de comunicaciones, las cuales sirven para guardar la información registrada.

 

Entonces, a partir de estas cifras, algunos expertos en neurociencia computacional han calculado que la capacidad máxima de almacenamiento de información del cerero oscilaría entre diez y cien terabytes, aunque algunos llevan la cifra a 2.5 petabytes o 2.5 millones de gigabytes, lo que permitiría conservar tres millones de horas de vídeo.

 

Paul Reber, profesor de psicología de la Universidad Northwestern, explica que cada una de las 100 mil millones de neuronas del cerebro crea unas mil conexiones con otras neuronas, lo que asciende a más de un billón de conexiones. Si cada neurona puede almacenar un solo recuerdo, la falta de espacio sería un problema, pues tendríamos un espacio de almacenamiento, similar al espacio de un iPod o de una unidad flash USB. 

 

Sin embargo, estas conexiones a las que se les llama sinapsis, son como voces con las que las neuronas se comunican entre sí y esas voces tienen distintos volúmenes: algunas son susurros o balbuceos, otras son gritonas y charlatanas.

 

Entre más alta y activa sea la voz, más fuerte será la capacidad que tienen de almacenar memorias. Los científicos han identificado 26 voces o fuerzas sinápticas distintivas. 

Las neuronas se combinan de modo que cada una contribuye con muchos recuerdos a la vez, aumentando de manera exponencial la capacidad de almacenamiento del cerebro a algo más cercano a los 2.5 petabytes (1 Pb= 1 millón de gigabytes).

 

Por comparación, si tu cerebro funcionara como un grabador de vídeo digital de un televisor, los 2.5 petabytes serían suficientes para almacenar tres millones de horas de programas de televisión. Tendrías que dejar el televisor funcionando continuamente durante más de 300 años para agotar todo lo almacenado.

 

Pero, si nuestros cerebros son tan brillantes, ¿por qué se nos olvida la cita con el dentista, cuál de las hermanas Kardashian se casó con Kanye West o dónde dejamos las llaves?

 

Pues porque nuestro cerebro está lleno de mucha más información que sólo hechos y números, contamos con memorias muy sofisticadas y subconscientes que nos permiten, hablar por teléfono mientras comemos, tejer mientras vemos la televisión, tomar agua masticando chicle o identificar los miles de tonos de verde de la naturaleza.

 

De hecho, la llegada de las computadoras y el deseo de hacer robots que funcionen casi como humanos ha resaltado cuán difícil es hacer todo lo que hacemos incluso cuando no estamos haciendo nada.

 

Todo ello hace que la capacidad de almacenamiento del cerebro para memorizar sea difícil de calcular de manera exacta. En primer lugar, no sabemos cómo medir el tamaño de una memoria. En segundo lugar, ciertos recuerdos participan de más detalles y, por tanto ocupan más espacio, y otros recuerdos se olvidan, así que liberan espacio. Además, también hay alguna información que simplemente no vale la pena recordar.

 

Entonces, la próxima vez que no recuerdes la fecha del primer viaje a la luna, consuélate pensando que tu cerebro es mucho más que un catálogo de datos y trivialidades a las que accedes con una búsqueda.

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Te parecerá increíble creer la historia de Yolanda, una mujer que, después de haber sufrido un terrible accidente cerebrovascular y haber perdido la habilidad de comunicarse, ahora puede hablar y darse a entender muy bien, tras recibir rehabilitación de lenguaje.

Algunas personas piensan que jamás podrán volver a comunicarse efectivamente después de sufrir enfermedades degenerativas como parkinson, sufrir afasias o tener accidentes neurológicos. Sin embargo, cuando ya nada parece funcionar, nosotros presentamos una terapia de rehabilitación del lenguaje basada en el principio de neurorrehabilitación.

¿Qué es la afasia o disfasia?

Yolanda se presentó en Neurocenter después de haber sufrido un terrible accidente cerebrovascular, presentando síntomas claros de afasia. Esto no es más que una serie de impedimentos o dificultades lingüísticas asociadas a una lesión sufrida en el cerebro.

Inmediatamente supe que, a pesar de que Yolanda no podía organizar las palabras ni pronunciarlas correctamente, tenía la determinación de volver a comunicarse con sus familiares. Esto le sería suficiente para iniciar el arduo proceso de neurorrehabilitación para aumentar sus capacidades lingüísticas y recuperar su vida social y familiar.

Dónde estamos y hacia dónde vamos

El primer paso fue estudiar la gravedad de la afasia de Yolanda y cuánto había afectado esto su capacidad para comunicarse. En los estudios, descubrimos que su accidente cerebrovascular afectó de manera parcial la zona del cerebro encargada de transmitir información para luego comunicarla, de manera que su trastorno era medio-grave y debíamos disminuir sus efectos lo más posible.

Entonces, junto a un equipo de expertos en neurorrehabilitación, iniciamos con las actividades terapéuticas que le permitirían despertar las zonas de su rostro que se encontraban dormidas e imposibilitaban el lenguaje. Así que realizamos sesiones de masajes faciales, estimulación de órganos móviles y empezamos a poner en funcionamiento el aparato fono articular.

Posteriormente, le dimos a Yolanda una serie de ejercicios para que también los hiciera en su casa, dándole instrucciones precisas para que pudiera entender cabalmente cómo esto la ayudaría a empezar a comunicarse con sus allegados. Fueron ejercicios para la movilidad de los labios, la lengua, el paladar, la mandíbula y finalmente la voz.

Otras actividades terapéuticas que emprendimos en sesiones de neurorrehabilitación constaron de realizar un monitoreo de la actividad cerebral mientras le realizábamos a Yolanda preguntas sencillas sobre su vida y sus recuerdos. Y posteriormente empezamos a incorporar sesiones de apoyo para la escritura, la verbalización y la lectura.



No es sencillo, pero no estás solo

Aunque suena como un procedimiento fácil, lo cierto es que hubo muchos momentos de frustración para Yolanda. Recuperar las habilidades verbales no es tan sencillo, por lo que la terapia involucró muchas repeticiones, equivocaciones y fallos hasta finalmente conseguir el resultado.

No podemos garantizar que tú o tu familiar no se sentirán frustrados al emprender el proceso, pero sí podemos asegurar que te acompañaremos en cada paso que des hasta la recuperación de las habilidades de comunicación.



Es posible lograr la comunicación

Después de un par de meses de sesiones, Yolanda es totalmente capaz de comunicarse con sus amigos y familiares utilizando sus propias palabras. Ya puede decirles lo que piensa, lo que siente, lo que desea comer y a dónde desea ir.

Es por eso que nos encanta ayudar a pacientes como Yolanda, como tú o cualquiera de tus familiares que sufra este tipo de trastorno. Nos apasiona ayudar a cada persona a recuperar su vida y por eso te invitamos a visitar nuestro sitio web para conocer cómo podemos ayudarte.

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El cerebro predice las cosquillas

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El cerebro predice las cosquillas

¿Porque no puedes hacerte cosquillas a ti mismo? porque tu cerebro lo sabe. Sí, aunque creas que las cosquillas están relacionadas con el placer, por el contrario, tu cuerpo reacciona como un mecanismo de defensa que advierte del peligro.

 

Y es que para reaccionar ante posibles adversidades, el cerebro trata de predecir en todo momento qué va a ocurrir. Por ejemplo, cuando alguien nos hace cosquillas, no sabemos hacia dónde va a ir ese movimiento, por lo que nos produce estrés, contra el que reaccionamos, ya sea con movimientos convulsos o con una sonora carcajada. 

 

Desde la perspectiva de la evolución biológica, se cree que a través de una suerte de juego, nos enseñamos a proteger nuestras partes sensibles del cuerpo y el hecho de que no solo las personas sienten cosquillas, sino también otros animales, como los monos, las ratas y los pingüinos, apoya esta teoría. 

 

Sin embargo, ni los humanos más propensos a tener cosquillas experimentan el mismo grado de hormigueo cuando son ellos mismos los que se acarician con los dedos, pues en ese caso no hay incertidumbre contra la que actuar.

 

Por ello el cerebro mitiga los estímulos autogenerados como medida de precaución para que no desviemos la atención de lo que es importante. Cuando nos tocamos, el cerebro predice las sensaciones que vamos a experimentar en esa parte del cuerpo; de ese modo, puede atenuar la información entrante (minimizar el efecto sensorial) y concentrarse en otro asunto. 

 

Un estudio de la Universidad de LinKöping (Suecia) publicado en 2019 en Proceedings of National Academic of Sciences analizó qué zonas del cerebro se activan cuando nos hacen cosquillas y cuáles lo hacen cuando nos tocamos a nosotros mismos.

 

Los científicos pidieron a voluntarios que se colocaran en una cámara de resonancia magnética que registraba imágenes de la actividad cerebral. Después les solicitaron que se acariciasen el brazo suavemente, y luego repitieron el proceso, pero esta vez con una caricia proferida por un miembro del equipo. Al comparar las imágenes de los dos procesos, compararon qué zonas se habían activado en uno y otro caso.

 

Su conclusión: al tocarnos a nosotros mismos, el cerebro suprime la actividad en una parte de la corteza cerebral relacionada con la percepción, por eso no sentimos, ni reaccionamos, del mismo modo que cuando recibimos el contacto de alguien, o de algo.

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Un día a la vez

Padecimientos

Un día a la vez

Cuando María llegó a Neurocenter, tenía problemas para hablar y caminar. En sus ojos se evidenciaban la angustia y el miedo. La esclerosis múltiple (EM) es un síndrome con mil caras. Cada persona la vive de una manera diferente. En algunos casos es leve y en otros puede ser muy agresiva. Se trata de una enfermedad voluble, enigmática e insidiosa. 

Aunque no existe una cura, pues es una enfermedad degenerativa, sí existen diversos tratamientos para controlar su evolución, revertir algunos síntomas y mejorar la calidad de vida del paciente. Si fuiste diagnosticado con EM, en las siguientes líneas encontrarás toda la información que necesitas para iniciar una nueva vida. 



El impacto de la enfermedad

María era una mujer muy activa, con una trayectoria reconocida en la comunidad deportiva de la ciudad, por ello su orgullo le impedía usar el andador para caminar. Estaba avergonzada de su condición. Los síntomas de la esclerosis múltiple (EM), son distintos en cada individuo. Sin embargo, todos los afectados comparten sentimientos de invisibilidad, incertidumbre y estigma. 

Parte del tratamiento integral que se le brindó, a través de terapia neuropsicológica, fue hacerle entender que su vida no había terminado. De ahora en adelante, tenía nuevos desafíos por vencer. 

La mayoría de los pacientes con EM continúan teniendo una vida social activa, trabajan y cumplen sus proyectos. Lo importante es mantener la mente libre de limitaciones y mantener una actitud positiva. 



Diagnóstico acertado

Todo empieza con un primer síntoma que alerta sobre su presencia. A veces las señales aparecen y desaparecen, en forma de brotes. También pueden ser progresivos. 

 

Hay varios métodos para realizar un diagnóstico efectivo: 

Punción medular: Se extrae una muestra de líquido del conducto vertebral. Este procedimiento permite detectar anticuerpos asociados con la EM. 

Análisis de sangre: Se utiliza para descartar otras afecciones similares. 

Resonancia magnética: Se usa para visualizar posibles lesiones en la médula espinal y el cerebro.

Pruebas de potenciales provocados: Consisten en registrar señales eléctricas que se producen en el sistema nervioso, como respuesta a diferentes estímulos. 

 

En términos generales, la esclerosis múltiple es muy fácil de diagnosticar. Sin embargo, existen casos inusuales que pueden requerir pruebas adicionales.

María ya no compite en carreras, ahora ha retomado una pasión que había dejado atrás: es diseñadora de modas. Se especializó en ropa deportiva y tiene mucho éxito. Desde que inició sus terapias, pudimos modificar el avance de la afección y retardar la formación de nuevas lesiones. 

No importa cuáles sean tus circunstancias, la única certeza en medio de la incertidumbre es la posibilidad de seguir adelante. 

Juntos podemos encontrar el tratamiento de esclerosis múltiple ajustado a tus necesidades.



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Los mitos del tratamiento farmacológico

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Los mitos del tratamiento farmacológico

Prescribir y tomar un tratamiento farmacológico implica muchas precauciones y compromiso, así como conocimiento por parte del especialista. En torno a la toma de medicamentos existen diversos mitos que en muchas ocasiones pueden complicar la favorable evolución del paciente, por ello es importante estar informados.

Es importante tener claro que no todos los padecimientos requieren un tratamiento farmacológico, algunos lo requieren temporalmente y otros de por vida, sin embargo el control por parte de un médico será siempre necesario.

 

A continuación te compartimos algunos de los mitos y realidades de los medicamentos:

 

  1. Los medicamentos que me receten me van a causar adicción. FALSO

Hay muchas personas que se niegan a tomar un medicamento para su padecimiento por el temor de que pueden desarrollar adicción a éste. Este es un resultado muy poco común, además de que la mayoría de estos casos se deben a que se recetó un fármaco que no estaba indicado para ese padecimiento o que se prescribió a una dosis que no era la correcta. 

 

  1. Si me recetan un medicamento es porque mi condición es grave. FALSO

En la gran mayoría de los casos cuando se receta un medicamento no es porque el paciente se encuentre grave, por el contrario, muchas veces consiste en un tratamiento para aminorar los síntomas o prevenir complicaciones. El número de medicamentos recetados no es proporcional a la gravedad del padecimiento.

 

  1. Mi vecina/amiga tiene la misma enfermedad que yo, por lo tanto necesito el mismo medicamento. FALSO

Es muy común el que una persona quiera ahorrarse la consulta con un especialista porque conoce a alguien con la misma condición y sabe qué medicamentos está tomando. Esto puede llegar a ser muy peligroso ya que cada paciente es diferente, aunque la enfermedad sea la misma a una persona le puede perjudicar el mismo medicamento por otras condiciones que presente o tal vez la dosis que requiera puede ser diferente. 

 

  1. Los medicamentos son dañinos para la salud, siempre es mejor los remedios caseros y/o naturales. FALSO

Los medicamentos, cuando están correctamente indicados en forma y dosis, van a mejorar la salud del paciente. El daño ocurre cuando se toma un medicamento que no es apropiado o cuando es a dosis muy elevadas. Por otro lado, los remedios caseros y naturales al no tener dosis estandarizadas, su consumo elevado puede traer daño a la salud. No pasa nada con tomar un té de manzanilla de vez en cuando, por poner un ejemplo, pero tomar sustancias o complementos en gran cantidad pueden traer efectos adversos. 

 

  1. Los medicamentos recetados por el neurólogo son muy caros. FALSO

El precio de los medicamentos es muy variable. Habrá casos en los que el medicamento sea muy accesible, y otros en los que se requiera de un fármaco especializado para tratar esa enfermedad. Siempre que se receta un fármaco primero se exploran todas las posibles alternativas para optar por el que mejor se adapte a las condiciones del paciente, tanto clínicas como económicas.

 

Preguntarle al amigo o a la vecina que toma el medicamento nunca es recomendable, puede ayudar para tener la referencia de una experiencia, sin embargo, no siempre tendrán el mismo efecto en diferentes personas. Mientras a una persona le puede ocasionar efectos adversos o puede resultar alérgico, para otra persona puede ser el medicamento ideal que dé solución a su padecimiento.

 

Los medicamentos no son mágicos, no siempre curarán la enfermedad por completo. Nos sirven para aliviar los síntomas, tratar la enfermedad y mejorar la calidad de vida. El objetivo siempre será ayudarte a mejorar tu condición, buscar la cura siempre que sea posible y esté en nuestras manos, y en los casos de enfermedades crónico degenerativas, ayudarte a controlar los síntomas para que puedas vivir lo mejor posible



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El embarazo modifica tu cerebro

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El embarazo modifica tu cerebro

Todos sabemos que el embarazo implica cambios hormonales radicales, adaptaciones biológicas y fisiológicas en el cuerpo, y aunque los efectos en el cerebro son todavía poco conocidos, un equipo de investigadores ha concluido que la estructura cerebral de la mujer también sufre cambios importantes.

 

La investigación, liderada por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y el Instituto de Investigación del Hospital del Mar (IMIM),  ambas en España, es la primera en mostrar que el embarazo implica cambios que se mantienen a largo plazo, al menos hasta dos años después del parto, en la morfología del cerebro de la madre. 

 

El estudio realizado a 25 mujeres muestra por primera vez que la materia gris de las gestantes se reduce en áreas relacionadas con la empatía. Esto optimizaría determinadas funciones, como interpretar los estados mentales del hijo o anticipar posibles amenazas del entorno. 

 

A las mujeres participantes se les realizó una resonancia magnética en el cerebro antes de quedarse embarazadas y después de tener al bebé. Los investigadores también escanearon la cabeza de los futuros padres. Como grupo de control, también tomaron imágenes de los cerebros de una veintena de mujeres y otro tanto de hombres que no habían tenido hijos.

 

La investigación, publicada en la revista Nature Neuroscience, desvela profundos cambios físicos en el cerebro de todas las mujeres durante el embarazo. En particular, detectó una marcada disminución de la sustancia gris en determinadas áreas de la corteza cerebral y no en otras. Las imágenes mostraron esa retirada de conexiones neuronales en zonas que los científicos relacionan con la cognición social, con la habilidad humana de ponerse en el lugar de los demás, de anticiparse a sus intenciones, de leer la mente del otro, es decir, de empatizar. 

 

“A mayor eficacia cognitiva, menos sustancia gris. Es lo que llamamos poda adaptativa”, dice el investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y coautor de la investigación, Óscar Vilarroya. 

 

Los investigadores no han encontrado que el embarazo provoque ningún cambio ni en memoria ni en otras funciones intelectuales en las mujeres estudiadas y, por tanto, creen que la pérdida de sustancia gris no implica ningún déficit cognitivo, sino todo lo contrario.

 

La reducción de materia gris se da en todas las mujeres embarazadas estudiadas y es exclusiva de ellas, lo que indica que probablemente se trata de un cambio debido a los procesos biológicos del embarazo, y no a cambios relacionados con el nacimiento del bebé que también pueden experimentar los padres.

 

“Creemos que la reducción se debe a un proceso similar a la poda sináptica que tiene lugar durante la adolescencia, donde se eliminan las sinapsis débiles para favorecer un procesamiento mental más maduro y eficiente”, explica Susanna Carmona, una de las líderes de la investigación.

 

“Los resultados apuntan a que esta plasticidad cerebral inherente al embarazo tiene un fin evolutivo destinado a que la madre infiera eficientemente las necesidades de su bebé”, comenta Erika Barba-Müller, primera autora del artículo junto con Elseline Hoekzema. Se trataría de una reestructuración del cerebro con fines adaptativos, para incrementar la sensibilidad de la madre para detectar, por ejemplo, rostros amenazantes o para reconocer más fácilmente el estado emocional de su bebé.

 

En esa línea podría ir otro de los resultados de esta investigación pionera: Dos años después del nacimiento, la mayoría de las madres se sometieron de nuevo al escáner cerebral. En todas, los cambios seguían ahí.

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Superando las secuelas

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Superando las secuelas

Las peores enfermedades muchas veces se esconden tras los síntomas más comunes. Un simple dolor de cabeza, vómito o mareos, pueden ser las señales de alerta que está mandando tu cuerpo para decirte “oye, algo no anda muy bien aquí dentro”. Y es que en casos como un tumor cerebral, entre más pronto se detecte, mejor será el pronóstico.

Por considerarlas insignificantes las dejamos pasar y ahí es donde vienen las consecuencias graves. 

Asumir un diagnóstico de tumor cerebral no es nada fácil. Lo primero que pasa por la mente es “me voy a morir”, pero este no es el escenario final de todos los que padecen la enfermedad.

De acuerdo a estudios realizado por la Organización Mundial de la Salud, el 66% de los tumores cerebrales son benignos, es decir, que tienen tratamiento, control y posible cura.

Esos mismos estudios señalan que la población entre los 0 y 19 años son las más propensas a desarrollar cáncer cerebral, y de allí la brecha se abre hasta pacientes de 30 años en adelante. Aunque esto no es una regla ya que los tumores pueden aparecer a cualquier edad.

Los casos son variados y complejos. Hay historias de personas que comenzaron presentando dolores de oído y jaquecas, acudieron a un otorrino, y debido a la falta de un diagnóstico acertado terminaron empeorando su cuadro clínico.

Otros que debido a los síntomas que reflejaron, como pérdida del control de un lado del cuerpo o la fuerza en un brazo, tuvieron la suerte de contar con un análisis acertado y comenzaron el tratamiento a tiempo, con resultados favorables.

No todo está perdido

La tristeza, el desánimo, y la desesperación son los principales acompañantes después de saber de la existencia de este mal en tu cuerpo. Las primeras semanas no cesará el llanto y sentirás que la vida no tiene sentido. Pero una vez cuentes con un diagnóstico claro y un plan médico a seguir, todo encontrará un rumbo positivo.

Una vez que se comienza el tratamiento del tumor cerebral, la esperanza resurge, y es posible ver una luz dentro de toda la oscuridad que puedas tener en el momento. Ya sea con quimioterapia, radioterapia o cirugía, la tasa de supervivencia a un tumor cerebral es cada vez mayor gracias a los avances de la medicina.

La vida después

Aunque no siempre se puede volver a normalidad de forma rápida, luego de superar un tumor cerebral y el proceso de recuperación puede ser lento, sí se puede lograr.

El apoyo emocional es fundamental. La presencia de familiares y seres queridos, antes, durante y después del proceso será clave. A esto se le suman las terapias físicas, lingüísticas y medicinales. Todo en conjunto forma parte del cuadro para lograr una recuperación efectiva.

No será cuestión de días, semanas o meses, sino de años superando obstáculos, recaídas y dolencias, pero al final de la carrera todo valdrá la pena. La recuperación de las funciones motoras no es total en algunos casos, pero siempre se puede lograr mejoría.

Nosotros te podemos ayudar a acelerar todo el proceso de recuperación, nuestras terapias basadas en la neurorehabilitación están diseñadas para disminuir considerablemente las dolencias asociadas a esta enfermedad.

Contamos con equipos de alta tecnología lo que nos permite brindarle una atención de primera a los pacientes que acuden a nuestras instalaciones buscando un alivio a toda la tormenta que están atravesando.



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Juntos de la mano

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Juntos de la mano

Cuando una persona sufre un infarto cerebral se presentan diversas secuelas que van de leves a graves, muchas de ellas se pueden revertir con neurorehabilitación, como la parálisis de miembro superior y mano.

El caso de Sofía es un ejemplo de cómo algo tan sencillo como mover la mano, puede tener un gran impacto en la vida cotidiana y laboral de la persona que lo padece. Para ella, escribir unas cuantas líneas en la computadora se convirtió en un reto.

Ella misma nos comparte un poco de su historia, luego de recuperarse de un Infarto cerebral a sus 37 años de edad.

Aquella terrible mañana

Aquella terrible mañana

Siempre me he considerado una mujer muy activa. Me encantaba despertar muy temprano por la mañana, salía a correr un poco, luego iba una hora al gimnasio, después a clases y llegaba a la tarde a casa para estar con mi familia. En fin, creo que mi vida giraba en un entorno sano física y mentalmente, al menos eso era lo que yo pensaba.

Un día cualquiera y sin previo aviso sentí que, en medio de mi rutina de ejercicios, todo se me ponía oscuro y me desmayé. Desperté dos semanas después en la cama de un hospital sin poder hablar ni moverme, con un susto enorme ya que no sabía qué era lo que me estaba ocurriendo.



Aprendiendo de nuevo

Atrás había quedado la mujer activa que era. En ese momento dependía de todos, aunque afortunadamente conté con el apoyo de mi esposo, mis hijos, familiares y amigos. Pero sobre todo de un excelente grupo de especialistas, quienes con estudios llegaron al tratamiento adecuado que me ayudó a ir recuperándome un poco.

Eso fue tan solo un pequeño paso de todo el camino que me ha tocado recorrer desde ese entonces. No voy a negar que la frustración se apoderaba de mí cada día: la rehabilitación era una tortura.

Gracias al esfuerzo de mis terapeutas, quienes con empeño y paciencia fueron enseñándome de nuevo, hoy puedo caminar. Y aunque aún tengo dificultades de movimiento en un miembro superior, ya camino, hablo y voy aprendiendo cada día más. 



Viviendo con limitaciones

Creo que la dificultad más grande que encontré fue, sin duda, la mental. La frustración, la depresión, las ganas de no seguir adelante y de odiar al mundo por lo que me había pasado se adueñaron de mí. Sin embargo, entendí que ese era el mayor dolor, que si lo superaba, mi vida podía continuar.

Afortunadamente así lo fui tomando y superando. Actualmente asisto a diario a mi terapia física y la rehabilitación ha sido la salvación de mi cuerpo y de mi mente.

Quizás mi mano derecha no responde tan rápido como quisiera, y ciertamente mis tareas tanto en la universidad como en casa no son tan fáciles como lo eran antes. Pero estoy aprendiendo a vivir con mis limitaciones.

 

 

El mundo sigue adelante

En esta parte, más que hablar de mí y de mi experiencia, quiero hablar de ti que me estás leyendo, que seguramente estás pasando por una situación similar o conoces a alguien que la está viviendo.

Tener un infarto cerebral no es sinónimo de que la vida acabó. Al contrario, para mí fue la respuesta que necesitaba para entender que estaba viva y que debía luchar por nuevos días.

Lo importante es siempre contar con la familia que te apoya y, por supuesto, con un buen equipo de especialistas que te ayuden en la rehabilitación para salir adelante.



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Bosteza, estás ayudando a tu cerebro

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Bosteza, estás ayudando a tu cerebro

No, no es sólo que tienes sueño, los bostezos tienen una función importante que va más allá de avisarte que es hora de dormir, el bostezo es necesario para la salud de tu cerebro.

En condiciones normales, bostezamos unas 28 veces al día, lo que se traduce en 4 minutos diarios realizando una actividad aparentemente innecesaria, pero también incontrolable. Bostezamos toda nuestra vida, incluso en el vientre materno desde el quinto mes de gestación.

El bostezo es necesario para la salud cerebral. Contribuye al correcto desarrollo del cerebro y a su mantenimiento toda la vida. El feto, al bostezar, fomenta el desarrollo del cerebro en un programa secuencial y ordenado, es tan relevante que su falta se asocia frecuentemente con posibles disfunciones neuronales después del nacimiento.

Tras nacer, el cerebro sigue necesitando que bostecemos varias veces al día. Anteriormente se creía que bostezamos para oxigenar el cerebro, sin embargo, esta teoría carece de fundamento, pues no bostezamos más cuando nos encontramos aguantando la respiración o en ambientes con menos cantidad de oxígeno.

Y es que el oxígeno que utilizan las células del cerebro se transporta fundamentalmente por la red vascular de 600 km de vasos sanguíneos que conviven con el cerebro.

Sin embargo, sí hay diversas funciones del bostezo que contribuyen a la buena salud de tu cerebro.



Bostezar para evitar el sobrecalentamiento cerebral

El aumento de la ventilación que acompañan al bostezo ayudaría a disipar parte del calo